Roland
Garros alberga un recorte de la historia del tenis, de la historia de
miles de deportistas que allí depositaron sus ilusiones y también
un poco de la historia de personas que se ilusionaron con un futuro
diferente.
Desde
1940 a 1945 la Segunda Guerra Mundial impidió que el Grand Slam se
disputase, pero sin embargo en sus canchas había trabajo. El
gobierno francés destinó las tres hectáreas cedidas por el Stade
Francais para alojar disidentes políticos, extranjeros y cualquier
sospechoso. Las canchas de Roland Garros fueron utilizadas en 1940,
cuando Adolf Hitler estaba en posesión de París, como campo de
concentración. Era un lugar de paso. Allí se mantenía a los
detenidos, en su mayoría judíos, hasta que eran derivados a
diferentes lugares.
Artur
Koestler, escritor húngaro de orígen judío, estuvo apresado en las
canchas galas y en su libro “Oscuridad al mediodía” relata su
experiencia.
“Dormíamos
sobre paja mojada porque había goteras y estábamos tan apretujados
que nos sentíamos como sardinas(...) En Roland Garros nos
autodenominábamos cavernícolas, unos 600 de nosotros vivíamos
debajo de las escaleras del estadio”.
Koestler,
también conocido por su militancia política y autodefinido como
“comunista romántico”, logró escapar de la persecución alemana
e instalarse en Gran Bretaña, donde se suicidó el 3 de marzo de
1983 por un largo padecimiento de leucemia y Parkinson.
En
la historia oficial que la Federación Francesa de Tenis divulga
sobre éste Grand Slam, no aparece ni un capítulo dedicado a los
años oscuros que se vivieron. La ignorancia y el silencio parecen
ser mejor remedio que la responsabilidad. Según ellos, todo es un
mito y la realidad es que se confundió su predio con el Valedrome,
que también se utlizó como campo de concentración nazi. Las
palabras inmortales de Koestler narran otra versión de los hechos.
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